viernes, 21 de noviembre de 2008

NO.

Creo que es la palabra que más cuesta decir. Por lo menos desde mi humilde opinión.
¿Quieres una naranja? NO. Ahí aún es fácil decirlo, pero incluso en esa simple respuesta, piensas, ¿se habrá ofendido? ¿he estado demasiado contundente, tajante o cortante? ¿pensará que estoy enfadado?, y entonces añades, estoy lleno, o prefiero un plátano, o lo que sea. Pensadlo bien...
¿Me puedes ayudar a bajar unos muebles? Acto seguido tu cerebro en menos de 10 segundos argumenta todas las posibilidades.. es un amigo, él me ayudó a mi (o me ayudaría), ¿qué pensará de mí cuándo todos los colegas estén echándole una mano y yo sea el único que he fallado?, seguro que se lo pasan genial porque quedarán a comer luego y les pasarán mil historias... qué más da que lleve tu hermanito, padre, madre, pareja, hijo, 10 semanas esperando para salir a lo que sea, ya se hará otro día, ellos lo entenderán... SÍ, ¿mañana a qué hora?
O el caso del "bienqueda" que argumenta mil patrañas para no ir a ayudar, pero ¿por que no un NO? No me apetece y punto.
Se hablará de ti en cualquier caso, por bien o por mal, pues lo bonito que sería poder decir lo que se siente, sería... mínimamente... liberador.
Pero un NO siempre duele, SIEMPRE... así que mejor seguiremos dándole vueltas al coco para salir de los embrollos sin tener que caer en la tan difícil negación. Dicho queda...

2 comentarios:

HAL MCBLAINE dijo...

Es verdad, lo que cuesta decir que no a alguien. Más a alguien como yo, que dicen que siempre quiero quedar bien con todo el mundo. Aunque bueno, el otro día te dije que no y no pasó nada... o eso creo.

parre dijo...

Pero es difícil, supongo que viene por el miedo al qué creerán...