Después de un día agotador de trabajo, llega el descanso del guerrero, aquel por el que tanto se ha luchado, es decir, poderme sentar en el sofá, delante del ordenador, escuchar la música que me viene a la cabeza, y por el mismo motivo teclear mis pensamientos.
Estar tumbado es la sensación más agradable que expermienta el hombre, junto con el poder miccionar después de estar dos horas esperando.
Ni sexo, ni gaitas. Dormir y mear.
¡Vivan los placeres que no necesitan esfuerzo!
LA LEYENDA NEGRA*
Hace 8 años
2 comentarios:
Hombre, una netejada de nino tampoco requiere de mucho esfuerzo por parte del netejat, ¿no?
ya tienes algo que hacer...
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