jueves, 19 de marzo de 2009

AHHHHHH....

Hay veces que la vida nos engaña, o juega con nosotros. Pasas de la "falsa" euforia al agobio más absoluto que puedas recordar, ese ahogo que te presiona el pecho y parece que a cada momento estés en la necesidad de gritar, llorar o lo que sea, para que esa presión no se acentúe tanto y el corazón no llegue a resquebrajarse. Estoy en uno de esos días, desde ayer estoy en ese agobio constante que no me deja reflexionar, pensar o tomar las decisiones que me gustarían, aunque el golpe fuera mayor.
Necesito estar como por ejemplo el sábado, y si es sin la necesidad de tomar un par de copas mejor, pero me gustó ese plan, no pensé en nada, me relacioné sin importarme los temas de que se hablaban, ni las guasas o mofas (en plan buen rollo) de algunos. Me gustó que se me dijera que parecía más sensato últimamente, sé que son tonterías, pero que le doy mucha importancia, y ahora necesito quitarme ese agobio que viene de no sé qué, y lo peor que no sé cuánto durará.
Creo que es miedo, siempre me ha pasado, tomo decisiones (acertadas o no), y cuándo mi mente lo asimila, me entra esa obsesión de hacerme cien millones de preguntas diarias, y no puede parar de molestarme, más que nada porque son preguntas acertadas, y no tengo respuestas para el 90% de ellas, y estar así no me gusta.
Necesito tener respuesta a todo, dentro de mi desorden emocional, todo sigue el orden que yo le marco, o eso es lo que yo veo, desde fuera siempre se ve distinto, pero necesito aullar, gritar o estallar, lo que sea primero, pero necesito decir según qué cosas, que no puedo, y entro en el mismo bucle de siempre.
Siempre nos quedará Burundi...

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